El Cancionero de Ripoll es un manuscrito fundamental para comprender la transición literaria entre la época de los trovadores y la nueva lírica posterior. Compuesto por una veintena de poemas, el texto destaca por su carácter profano y erótico, elementos que lo vinculan con la tradición de la literatura goliarda. El manuscrito fue preservado gracias a la labor del archivero Pròsper de Bofarull durante las desamortizaciones del siglo XIX, permaneciendo oculto dentro de otros documentos hasta su identificación definitiva en 1923 por Luis Nicolau d'Olwer.
La obra incluye tanto piezas líricas como tratados gramaticales, destacando la presencia de las Reglas de encontrar de Jofre de Foixà. Su origen ha sido objeto de debate académico, oscilando entre una procedencia monástica en el monasterio de Ripoll y una posible influencia cortesana vinculada a la nobleza de la época. El cancionero es un testimonio único de la diversidad de géneros poéticos medievales, incluyendo canciones, sirventeses y danzas, y sirve como puente cultural hacia figuras como Ausiàs March.