El Bloqueo Continental constituyó la estrategia central de la política exterior de Napoleón I en su enfrentamiento contra el Reino Unido. Este sistema económico y comercial fue diseñado para aislar a Gran Bretaña del resto de los mercados europeos, prohibiendo cualquier tipo de intercambio mercantil.
El objetivo fundamental de esta medida era provocar el colapso financiero de la economía británica. Al impedir que los productos británicos llegaran al continente, Napoleón buscaba debilitar la capacidad de resistencia de su principal adversario mediante una guerra de desgaste económico.